Un cálido cuento plagado de recuerdos, de mi gran amiga de Chivilcoy María del Carmen Laurito, cuentacuentos y escritora de corazón gigante.
Ráfagas de Otoño.
María del Carmen Laurito
Hace cerca de veinte años que no pasaba por esa esquina, o por ahí había pasado, pero sin mirar. Esta esquina significa mucho para mi. Ese día amarillo de otoño, con el sol alto, suavecito y el viento acariciando la ciudad que parecía permanecer indiferente a todo y a mi mirada. El reloj de la iglesia me avisaba que eran las doce, caminaba entre las mesitas, el sol reflejaba en los cristales y en mi cara, frente a la vidriera me incliné para mirar, apoyé con fuerza hasta mi nariz en el vidrio tratando y ahí lo vi todo. El salón estaba resplandeciente, tres autos brillaban, lustrados, flamantes, con las puertas abiertas, eran la atracción del lugar, dos mozos de camisas blanca, moñitos y zapatos de charol iban y venían sirviendo a los presentes bombones, masitas y copitas de licor. Un hombre muy alto, sonriente, vestido con camisa muy blanca y pantalón azul, explicaba a todos los invitados, entusiasmado con voz cálida y convincente, las cualidades de los nuevos autos .
El hombre cada tanto mira dulcemente a una pequeña niña que lo observa con ternura desde la falda de una señora de vestido floreado, arrugas en su rostro y ondas prolijas en su corto pelo canoso, otras mujeres hablaban vivaces con ella, mientras la pequeña era mimada por todas. En el ambiente se escuchaba un tango que no me acuerdo cómo se llamaba, pero sé que mi abuelo Angelito lo escuchaba siempre, “ sur …”. La gente se mueve, conversa, toca los autos, los niños suben y bajan de los autos muy entusiasmados … De golpe una ráfaga de viento me sacude y me muevo, me alejo, vuelvo a acercarme y en el salón, no hay NADA , nada.
Desconcertada, paro a una señora que pasa para que mire hacia adentro, para saber qué ve, la señora me mira con desconfianza pero cumple mi pedido y mira. Ella confirma lo que yo ahora veo, NADA. Refriego mis ojos, hasta casi el dolor, -¿está vacío?-, siento confusión y se me llenan los ojos de lagrimas, me siento mareada, me ahogo, me apoyo en la pared, respiro profundamente y cierro los ojos, … pero ahora sí puedo verlos, están ahí, no sólo el salón, sino mi abuela y yo en el sillón, mi abuelo Angelito sonriendo entre la gente y ese tango… Abro los ojos, me incorporo y empiezo a caminar llena de otoño, de hojas secas de plátanos, de recuerdos, de amor y de esquina.
Scherezada.
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Fernando,estoy emocionada,y solo los AMIGOS de verdad pueden darnos tanto con tanta generosidad,mil gracias
María del Carmen:
Ráfagas de otoño nos acercan, pero las ráfagas de primavera nos unen. Hermosísimo.
VIVA Scherezada!
SFG con un abrazo cálido de compartir recuerdos y alguna que otra esquina.
Gracias Silvia por tu afecto y tu abrazo que se sintio calido y unico hasta aca,un beso y hasta siempre…