Basta con mirar diez minutos la tele, tanto la tanda como la programación, leer por encima algunas revistas, escuchar un rato la radio o navegar por internet para confirmar rápidamente que la adolescencia es hoy, como nunca antes, uno de los blancos principales de las acciones de marketing de las empresas de consumo masivo. Esto se debe no sólo al potencial que representan como consumidores, sino también al poder que ejercen en sus ámbitos familiares como recomendadores de marcas, y a su participación activa en las decisiones de compra de la casa.

Esta situación ha llevado en los últimos años, a crear un ambiente en el cual, todo lo que esté fuera del mundo adolescente, o de una actitud joven, corre serio riesgo de no ser “cool”, de considerarse obsoleto o fuera de moda, de no tener reconocimiento social.

Cirujías, antioxidantes, dietas, gimnasio, todo apunta a tratar de hacer realidad el mito de la eterna juventud, y el paso de los años causa pavor.

En este contexto fue que se me ocurrió dedicar un libro a los más-más grandes, y así nació “Cuentos del Viejito Arrugado”. Me pareció piola mostrarles a los chicos que los viejos también tienen vida, que sufren, se emocionan y enamoran como cualquiera. Y merecen tanto respeto y espacio en nuestra sociedad como los más jóvenes. Porque como dijo el maestro Serrat en “Llegar a viejo”, “… si todos entendiésemos que todos llevamos un viejo encima.”

Espero haberlo logrado.

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