Nuri Montero, joven escritor que ya ha publicado en este espacio con buenísima repercusión, vuelve a sorprender, esta vez con este cuento creado cuando sólo tenía ¡10 años! Impactante.

<

La segunda muerte de un ahogado

Tengo poco tiempo, pero aún me queda un respiro; inmerso en la obscura obscuridad del fondo del mar, un gran desierto de agua que inunda la profundidad y provoca que yo lo esté mirando con fascinación y a la vez con temor. Un vasto campo de batalla y una aventura más, yo me estoy ahogando, pero no pienso que sea malo, pues ya me he ahogado una vez; pero no, hoy estoy de pie enfrentando mi temor me encuentro envuelto en luz mirando la obscuridad, una paradoja más para una vida de paradojas, como la paradoja de preguntarle quién es a un enmascarado o la paradoja de construir para destruir o incluso el ahogarme feliz y con tranquilidad. El mar me calla pues si intento hablar solo salen pequeñas burbujas que van hacia arriba, pero no me importa pues no necesito palabras para contarte esto, no necesito mover la boca ni las manos, solamente se que lo estoy contando y así de fácil como es, tu lo estás escuchando. Estoy tan profundo que todo lo que veo es obscuro, más obscuro que mis ojos y mi cabello, más obscuro que un carbón, más obscuro que todo. Lo único que puedo ver son las burbujas que salen de mi boca y su reflejo. Me doy cuenta de que voy subiendo, pero a poco pienso que me confundí y que no estoy subiendo nada. No siento nada, ni el agua entre los dedos ni la molestia de respirarla, como tampoco el normal ardor de ojos cuando se está en el mar.

No me impaciento aunque ya hayan pasado días y días desde que estamos hablando, en el mar las cosas pasan rápidas, hasta una hora de reloj puede parecer un segundo y un año se reduce a un día. Ya vamos por el tercer año de hablar juntos aunque parece que me ahogo hace diez minutos. Pero ¿qué importa el tiempo? El tiempo no existe, no para los muertos. No se adonde irá a terminar todo esto, tal vez está aquí una eternidad, pero no. Estoy subiendo. Hay peces, peces transparentes, peces con el cerebro a la vista y dos venas que les recorren el cuerpo.

No, no me desagrada, ya me he ahogado dos veces por eso sé que los peces no te pueden ver. Porque un vivo no ve a un muerto y menos a un ahogado. Ya han pasado diez años y sigo más o menos en el mismo lugar. Aún veo las figuras fantasmagóricas de los peces transparentes y su cerebro a la vista. Y aquí en el fondo del mar, espero algo, una señal, algo que me diga que estoy subiendo. Deseo en este momento observar los hermosos corales y los coloridos peces de la zona luminosa del mar. Pero aún falta tiempo, por lo menos quince años, puesto que ahora se cumplieron los trece. Sigo sin poder hablar pero aún me siento envuelto en felicidad y luz.

Pero ¿qué es esto? Ahora lo recuerdo: la primera vez que me ahogué me sorprendí mucho más, peces de colores, de muchos colores. Desde el principio no me puedo mover, ahora tampoco pero siento que esos graciosos peces me ven y que estoy a punto de poder hacerlo. Y no me equivoqué, primero puedo mover la mano y luego todo lo que resta de mi cuerpo. Ahora sé qué significa estar en el Cielo pero más bien creo que estoy en el Mar. No me importa no oír, no respirar. Ahora puedo sentir el agua que corre fría y celeste entre mis dedos y moverme libremente como uno de los peces que me incita a seguirlo. Me muevo muy habilidosamente y me doy cuenta de que vivo nunca podría haber hecho nada igual. Pues vivo nunca me moví. Ahora me siento bien recibido por los peces que me pueden ver y se lo que se siente morir ahogado dos veces. Aunque todo es más claro que antes, el azul del mar es muy obscuro. Veo todo muy atenuado pero me siento muy bien… Tengo poco tiempo, pero aún me queda un respiro. Todo es obscuro otra vez pero pronto será luz. Lo sé, porque es mi segunda muerte ahogado.

Nuri Montero

¡Felicitaciones, Nuri! Vamos por el tercero.

Enviar este artículo por e-mail Enviar este artículo por e-mail

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...