Esta semana tuve la suerte de poder visitar dos escuelas en las que pasé momentos lindísimos.

Primero fui al Jardín San Simón, en la ciudad de La Plata, invitado por la Seño Eugenia Mazzuca y las autoridades de la Institución, en donde me encontré con sesenta chicos y chicas de cuatro y cinco años que me recibieron con un cariño así de grande y conocían mis libros más que yo. Motivados, con ganas de aprender y de pasarla bien, los chicos de la Sala Naranja (de Eugenia), y los de la Sala Amarilla (de la Seño Noelia), me cargaron de energía positiva y me hicieron divertir muchísimo. Con magia, bromas y narraciones, compartimos un rato largo y casi ni nos dimos cuenta. De recuerdo me llevé un montón de dibujos, regalos y hasta una carta de los alumnos que la Seño Eugenia tiene en otro jardín por la mañana, el Josefina Bakhita, que queda en las afueras de la ciudad. La frutilla del postre fueron una pequeña paloma y una lechuza, realizadas por la mamá de Brenda, de esta última escuela, que pertenece a la Comunidad Toba. ¡Hermosas! Y ya están en mi biblioteca.

Sólo me queda mandarles un beso tan grande como mis Gracias, mis felicitaciones a Euge y Noelía por el trabajo que hacen, y mi promesa de volver algún día.

Al día siguiente fui a la Escuela San Vicente de Paul, en el barrio de Pompeya, invitado por mi querida Nélida Saad, de la Feria ¡Cuánto Cuento! y Claudia, la directora de la institución. Allí me esperaban casi doscientos chicos de cuarto, quinto, sexto y séptimo grado, sentados en unas amplias gradas y con muchas ganas de pasarla bien. Y así fue: nos reímos un montón, leímos, participaron y preguntaron. Y me quedé con la grata sensación de haber compartido un rato con chicos bien ubicados en su edad, es decir, para nada agrandados y con ganas de sorprenderse, lo que demuestra un buen trabajo conjunto de padres y docentes.

Dos instantes muy valiosos en mi vida, que me nutrieron y me llenaron de alegría, porque siempre digo que para mí la interacción con los chicos es tan importante como escribir.

Un beso para todos, especialmente para esas docentes que no se dejan ganar por la frustración y siguen dando prioridad a su vocación y al amor por la infancia.

¡Hasta siempre!

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