El escritor Jonathan Bertola, de 10 años, nos sorprende con una historia de espíritus y piratas colmada de acción y suspenso. No apta para impresionables:
El misterio del barco
Por Jonathan Bertola
Había una vez un submarino recién sumergido al mar. Fuimos en él en busca de un barco hundido hace más de mil años, recorrimos todo el mar Argentino y ahí estaba, era viejo, casi destruido, ¡pero gigante! Y parecía pirata. Por eso decidimos dejarlo. Cuando volvimos y le dijimos a mi jefe que lo habíamos dejado porque era pirata, nos obligó a volver y traerlo para el museo. Cuando volvimos al mismo no estaba. Fuimos y vinimos tres veces por distintos caminos y nada, ni rastro. Hasta que decidimos cruzar el límite argentino, recorrimos cien metros y, en una esquina, casi tapado por la arena, estaba pero… ¿cómo había llegado ahí? Los barcos no vuelan. Igualmente lo atamos con muchas sogas y lo llevamos, pero en la mitad del camino el barco empezó a temblar, yo aceleré el submarino al límite para llegar con mi jefe, tenía tanto miedo, pero seguí. Llegamos, subimos al barco y mi jefe nos felicitó; lo pusieron en exposición en una pecera gigante con mucha agua para que no se deteriore.
Al otro día llamaron al museo para mostrarle el barco, cuando llegaron los directivos no había nada, todos se sorprendieron y se asustaron, todos menos el jefe. Nos mandó nuevamente al submarino a buscarlo, volvimos al último lugar en el que lo habíamos visto pero no estaba. Fuimos un poco más lejos y lo vimos, pero algo se movía… ¡Pirata muertos! No. ¡Piratas fantasmas! Subieron al submarino y empezaron a romper todo, a los demás los mataron, por suerte yo me hice el muerto y se fueron, necesitaba llegar a la superficie para tomar aire pero tenía que agarrar el equipo de oxígeno que estaba en la otra punta del submarino, tenía terror, creo que el cuarto con los trajes era lo único que no había quedado destruido. Así que fui como pude y lo llegué a agarrar. Aunque a la superficie llegué prácticamente sin aire, si capturaba a los piratas sería un héroe, y rico, así que me metí en el agua, agarré un fierro del submarino y fui en busca de ellos. Los encontré en su barco navegando, me agarré de la parte de abajo del barco y esperé hasta que no me vieran, y cuando el capitán feo, con la cabeza colgando y sin brazos apareció, yo lo ataqué con el fierro pero lo traspasé, así que llamé a mi jefe con el micrófono del traje y le avisé, vinieron enseguida y los grabaron y nos fuimos rápido. Me hice rico. Unos días después hicimos un proyector y los matamos, y ahora yo vivo en una mansión, tengo auto y soy capitán de un submarino.
J.B.
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La verdad felicitaciones al escritor Jonathan, cada día me sorprendo más la imaginación y creatividad con que los chicos hacen diferentes cosas día a día.
Y a vos Fernando, que decirte, que sigas siendo como sos, darle la oportunidad que los escritos de los chicos estén publicados enciende un motorcito aparte en ellos. Besos
Esta buenísimo!!
Apasionante historia de aventuras! Tenés mucha creatividad y muchas ideas. Me encantó Jonathan! Besos, y gracias!