Ruth Chackiel es maestra desde hace 19 años, diez de los cuales, como remarca ella con orgullo, son y seguirán siendo en la escuela pública. Profesora de Educación Primaria, cursa actualmente la Licenciatura en Educación y realizó un posgrado en FLACSO que le ha permitido ser Especialista en Currículum y Prácticas escolares en contexto.

Entre tanta actividad se ha hecho tiempo para enviarnos algunas reflexiones sobre el incentivo a la lectura, las cuales me parecieron interesantísimas como punto de partida para aquellos que quieran sumarse con sus comentarios u opiniones sobre un tema tan importante para el futuro de nuestro país.

Bienvenida Ruth, es un placer poder contar con tu experiencia y tu pensamiento en este espacio.

Pensando sobre el incentivo a la lectura

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Mucho se ha dicho acerca del problema, casi posmoderno, de la falta de lectura entre los jóvenes, en donde los niños y adolescentes del siglo XXI parecen reacios a la lectura, rechazan el libro y buscan en una computadora su pasatiempo favorito.

Algunas consideraciones que he venido pensando en estos últimos años acerca de este supuesto problema: Si bien hoy vivimos en una sociedad diferente, la lectura y la escritura siguen vigentes porque sin ellas Internet sería un fiasco. Por un lado hay que leer con atención, con mucha atención, qué botón apretar para no equivocar el rumbo de nuestra investigación, y no perder información. Por otro lado el chateo implica escribir, escribir, escribir. Algunos adolescentes pasan horas ejerciendo esta práctica. Reto a quienes quieran decir que el chateo es una práctica negativa, dejando de lado los peligros que Internet ofrece a diestra y siniestra y concentrándonos en el chateo entre amigos. El chateo es comunicación, con códigos propios de los adolescentes, diferentes quizás a los que teníamos hace treinta años pero con el mismo sentido.

Lo interesante es tomar distancia y pensar qué sentían nuestros padres en aquella época cuando no podían entender nuestras formas, quizás con menos tecnología pero con la misma intención de diferenciarnos de los adultos.

No creo que los jóvenes lean poco pero es cierto que leen poco de lo que nosotros queremos que lean.

Mi hijo de 12 años suele bajarse libros enteros de Internet para leerlos frente a la pantalla de la computadora, acción que me causa escalofríos cuando pienso en el desgaste que eso le producirá a sus ojos, sin hablar del efecto psicológico que “creo” podría acarrearle. Estamos frente a un cambio cultural que al ir tan rápido nos impide ir comprendiendo paulatinamente de qué se trata.

Apoyo a los docentes que traen a la escuela Internet y la computadora como herramientas para el aprendizaje. Y creo que los docentes debemos ser permeables a estos nuevos instrumentos, debemos apropiarnos de ellos porque así nos acercaremos a la nueva cultura que se va instalando entre las nuevas generaciones y al estar más cerca seremos mejor comprendidos en el proceso de enseñanza aprendizaje que debe darse necesariamente no sólo entre docentes y alumnos sino entre niños y adultos, como guías que permitan que la cultura se enriquezca y no se diluya en la nada o el rechazo por ejercer una actitud incomprensiva. Para que el destino de la escuela no quede en ese lugar de desprecio, arrimémonos y observémonos el uno al otro como dos partes inseparables de nuestra cultura.

Esto no significa que vamos a olvidar al libro y sus bondades, todo lo contrario. Al ingresar en ese mundo tecnológico llevamos con nosotros nuestra experiencia y nuestro bagage para aportarlo y enriquecernos mutuamente. Sólo así la transmisión cultural seguirá siendo posible.

RUTH CHACKIEL
PROFESORA DE ENSEÑANZA PRIMARIA
ESPECIALISTA EN CURRICULUM Y PRÁCTICAS ESCOLARES

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