No me canso de decir que mi hija es para mí, fuente de inspiración constante de nuevas historias, además de mantenerme en contacto con el mundo de los chicos, sus diálogos, sus ocurrencias, sus juegos…

Como ejemplo te cuento que, hace unos años, cuando yo aún trabajaba en una empresa, me iba por la mañana a la oficina y Clara, que era muy chiquita, me arroja un beso volador desde la ventana. Durante todo el camino me quedé pensando en el recorrido de ese beso si no hubiese llegado a mi cara.

Así nació mi libro “La oficina de los besos perdidos”, la historia de un papá muy apurado que pierde el beso matinal de despedida de su hija y, cuando se da cuenta, se pasa el día tratando de encontrarlo.

besos-pedidos.jpg

Como si fuera poco, unos veranos atrás, mientras estábamos en una playa, yo haciendo la plancha en el agua, mi hija jugando con una amiga en la orilla, oigo que dice “¡vamos a hacer remedio para sirenas!”, mientras juntaban montañitas de arena, algas y caracoles junto al mar.

Al poco tiempo publiqué mi libro “Remedio para Sirenas”, que trata de dos amigas que juntan montoncitos de arena, algas y caracoles para que se curen las sirenas heridas por el anzuelo de algún pescador.

sirenas_tapa.jpg

Cuando escribimos, creo que lo importante es abrir bien grandes los poros de nuestra sensibilidad, porque muchas veces las ideas están dando vueltas alrededor nuestro y, si no las atrapamos, pueden irse a revolotear a la cabeza de otro.

Y no, mi hija aún no me ha reclamado derechos de autor.

Enviar este artículo por e-mail Enviar este artículo por e-mail

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...