Miguel Salinesi es abogado, ocupó responsabilidades de peso en grandes corporaciones y ejerció la docencia largamente, tanto en la escuela primaria como en la secundaria, enseñando historia argentina desde tercero a quinto año. Su amplia formación y variada experiencia le han dado una visión muy rica de la vida en sus diferentes aspectos, característica que hoy le permite dedicarse al periodismo de opinión. Con Miguel trabajamos juntos muchos años en la misma empresa, por eso es para mí un gusto del alma compartir con vos algunas relexiones que amablemente me ha enviado en respuesta a mi pedido. Ojalá que sea el comienzo de un nuevo camino. ¡Gracias Miguel!
La lectura, ayer y hoy.
Por Miguel Salinesi
A las 12 en punto los “externos” volvíamos a nuestras casas, en tanto los “medio-pupilos” bajaban al comedor para el almuerzo. Para tener una idea del orden de magnitud, sobre un total de trescientos sesenta alumnos aproximadamente, se podían contar cerca de ciento cincuenta (casi la mitad de la dotación) que permanecían en el colegio porque –promediando la década del ´60- papá y mamá (ambos) trabajaban.
Luego, a las 12.45, venía una obligada media hora de lectura en silencio en el auditorio (amplio) en la que cada cual debía aportar su propio material: las revistas mexicanas abundaban porque estaban de moda en aquellos tiempos. Eran las que tenían la banderita azul y las letras “SEA” en el ángulo superior izquierdo, con aventuras de El Llanero Solitario, Roy Rogers o Gene Autry. Pero no gozaban de muy “buena prensa” entre aquellos curas que, además, eran maestros sabios. Incluso la recordada “Vidas Ejemplares”, con biografías de santos o paradigmas sociales, no era muy bien vista. Las “historietas” (no hay mejor palabra para referirse a una “historia” pero de baja calidad) no eran muy alentadas.
Había una mueca de aprobación si te veían –por ejemplo- con un libro de Salgari oVerne en las manos y generalmente te preguntaban: ¿por qué parte vas? o ¿cómo te parece que seguirá, de qué manera querrías que termine? Si bien yo era “externo”, conocía muy bien las reglas sobre las lecturas, pero no fue sino cuando llegué a cuarto y quinto año del secundario, que tuve una clara explicación del por qué.
Por entonces, en materias como didáctica general y especial, psicología y psicopedagogía (el título que más me enorgullece es el de Maestro Normal Nacional, 1967), comprendimos muy bien aquella cuestión de las historietas. Hay todo un proceso creador en la lectura que, si se ejercita desde chico, “marca” para toda la vida. La amplia difusión que alcanzaron los “funny papers” o “comics” se debió, entre otras causas, a que “eran más fáciles” porque todo estaba allí: el personaje, la escena, el diálogo…Pero se ve anulada la creación propia, a través de la cual las letras negras sobre fondo blanco se transforman en coloridas escenas dignas de Speelberg que pueden ser llevadas incluso al dibujo con mayor o menor éxito por parte del propio lector, dependiendo de sus cualidades y habilidades.
Lógicamente, para que esto se logre es necesario un elevado poder de concentración. Quedó demostrado –entrados ya los ´70- que los mejores estudiantes universitarios que habían egresado de aquel colegio, fueron quienes anteriormente se habían destacado por su afición a la lectura, con independencia de los promedios resultantes de sus previos rendimientos académicos.
Palabras más, palabras menos, Jorge Luis Borges sostenía que “el real valor de un escritor radica en los libros que leyó y no en su obra”. Su socio en las letras y amigo personal en la vida, Adolfo Bioy Casares, no se cansaba de recordar, ya entrado en años, las discusiones entre ambos cuando, bajo el seudónimo de Bustos Domecq, “jugaban” con personajes y le daban vida propia en un proceso de genuina creación literaria de alto nivel.
Pues bien: como a la larga o a la corta lo que se mama se acaba por trasmitir a la propia familia, allá por los ’80 en casa abundaban aquellos de “Elije tu propia aventura”, con los que se criaron mis hijos, hoy ya grandes (uno tiene dos graduaciones universitarias y el otro estudia sistemas; ambos trabajan). No creo que la afición por la lectura sea muy ajena a todo esto. En lo personal, acabé por ser abogado y tuve la suerte de poder colaborar en organizaciones empresariales importantes.
Me detuve muy cuidadosamente en este blog de mi amigo (desde hace diecisiete años) Fernando y, comenzando por el jueguito inicial que te obliga a ejercitar la memoria visual (imprescindible para la asimilación de textos largos y materias donde la concentración y la creación juegan roles definitorios), todo en él es aprendizaje. Es obvio decir –y basta ojear un poco los diarios- que la capacitación es hoy imprescindible para obtener posiciones de trabajo de alto valor. Además de la crisis mundial generalizada en materia de inserción laboral, sobre todo en la post-adolescencia hoy extendida, hay que añadir que muchos chicos acaban por convertirse –con suerte- en empleados de supermercados que controlan el abastecimiento de góndolas, si no terminan bajo las ruedas de un auto en sus precarias motos de entregas domiciliarias. Muchos de ellos, por suerte, no se quedan detenidos allí y cursan algún estudio terciario, universitario, o carreras cortas.
El contenido es apasionante para la mente infantil, pero el “ejercicio” que propone no tiene desperdicio alguno. El nene que hoy sea estimulado de esta forma, mañana acudirá él solo, por las suyas, a los textos que realmente le interesan y obtendrá –amén de un enorme placer personal- una genuina ventaja competitiva en esta sociedad en las que nos toca vivir, y en la que la vastísima oferta de los buscadores de Internet llevan millones de kilómetros de ventaja al antiguo diccionario enciclopédico Espasa- Calpe- (actualizable) o al más modesto y olvidado “Lo sé todo” (Editorial Larousse), generalmente pagado en modestas pero fatigosas cuotas mensuales.
Hay también en todo este asunto de la lectura, una seria, muy seria responsabilidad de las editoriales y los medios. Si el papel está muriendo de a poco, la versión digital de libros y notas de todo tipo también vale. Por supuesto, no se puede comparar con la basura alienante y autista de los juegos en red, a los que se puede acceder fácilmente en cualquier locutorio a razón de dos pesos la hora.
En definitiva, no se exagera en absoluto si se sostiene que a través de la lectura infantil se cuenta con una de las más poderosas herramientas de cambio social y de construcción de valor, propiciando la construcción de debates –ya en edad adulta- para edificar comunidades sanas y hacer de este mundo un mejor lugar para vivir.
Felicitaciones, Fernando. Que esta obra sirva también para formar futuros profesionales, actores sociales y –por qué no- periodistas genuinamente creativos e independientes.
Miguel Salinesi
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Con el relato de Miguel recorde mi infancia lectora en la escuela y a la de mi esposo que aun conserva Lo Se Todo que a veces los ojeo,el analisis que realiza Miguel es exacto y me alegra coincidir en todo y ademas agregar que todo lo que hace Fernando lo realiza con una gran generosidad y pasion,porque estoy segura que nesesitamos a todos para formar seres como los que bien describe Miguel..gracias y hasta siempre..
Evidentemente es el Miguel, Fito o Tito con quien compartimos tanto en el Santa Cata.
Me encantaría conectarme