Agustín de la Mano, un escritor de 10 años, me envía su primer cuento. No te lo pierdas:

La Botella.

María era una señora jubilada de ochenta años. A ella le gustaba mirar cosas antiguas, muy antiguas, incluso más que ella. Pero la cosa que más le gustaba mirar era su botella con un barco adentro en miniatura. Había pasado de su bisabuelo a su abuelo, de su abuelo a su mamá y de su mamá a María.

Su bisabuelo, José, lo armó a los treinta años. Era un marinero mercante que trabajaba en un barco muy lujoso que transportaba productos de América a Europa. Durante una tormenta tropical, el barco naufragó. José, se salvó y estuvo perdido en una isla a la que llegó flotando en una caja de madera que contenía unas pocas botellas de aguardiente. Cuando lo rescataron, estuvo veinte años intentando hacer una copia en miniatura del barco que perdió, adentro de una de esas botellas, la botella que ahora tenía María.

Un día, María, vio con tristeza que las velas se habían roto. De la tristeza se fue a la cama sin cenar. Para ella era como quedarse sola. Además le había prometido a su nieto mayor que se la iba a dar. Luego de varias horas pudo dormir, después de todo, la tristeza era enorme. Esa noche soñó que la botella se hacía grande como una habitación, ella entraba y subía a cubierta. Ahí estaban todos los que habían sido propietarios de la botella. María se emocionó mucho. Juntos bailaron y cantaron. Juntos arreglaron las velas.

Cuando se despertó recordó el sueño. Fue a ver la botella. El barco tenia las velas arregladas. Dentro del barco había uno de sus aros.

Agustín de la Mano

¡Excelente debut, Agustín! Te va a ir muy bien en este camino que has iniciado, porque este blog, como Mirtha Legrand, da suerte.

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