María Emilia Zalazar es una escritora de diez años muy tímida, que ha tenido la gentileza de enviarme su primera poesía y también la explicación completa de cómo llegó a ella. ¡Que la disfrutes!
Mi vida…
Mi primera poesía.

Por María Emilia Zalazar
Estoy en la playa, sentada en una esterilla con mi mamá y mi hermano, mi papá se fue a preparar la comida. Me llamo María Emilia, tengo diez años y estoy de vacaciones en Santa Clara del Mar en un dúplex frente a la playa. En realidad, tengo tres hermanos. El mayor se llama Pablo, tiene veintitrés años pero en unos días cumple veinticuatro. Su novia se llama Yohana, tiene su misma edad. Desde hace más o menos cinco años están de novios, se están preparando para casarse, los papás de Yohana están construyendo un departamento arriba de su casa para que ellos vivan ahí hasta que se puedan comprar una, y cuando eso pase, la van a usar para que la gente la alquile. Pablo y su novia están comprando, de a poco, los muebles para la casa. Ella es muy humilde, y su novio es algo molesto y lo aguanta, paciente. La quiero mucho.
Mi hermano del medio se llama David, tiene 20 años, hace como 5 o 4 meses se dejó con su novia Estefanía, asi que no tengo mucho que contarles de él, solo que es muy serio, que casi todas las noches va a jugar el fútbol y que adora salir con sus amigos, nada más.
Mi último hermano se llama Andrés, tiene 17 años, estaba adelantado en el colegio, por eso ahora va a empezar la facultad, no sé muy bien si sigue con su novia Jacqueline, pero seguro que no. Él es el que vino a las vacaciones con nosotros.
Voy a volver al tema del principio, el tema de la playa. Una nena y su mamá se acomodaron frente a nosotros, ella tenía una pelota, y jugaba con ella mirándome, parecía que quería jugar conmigo, pero yo soy tímida, no me animaba a hablarle, y como me incomodaba su mirada, miré para otro lado. Mi mamá se dio cuenta, y me dijo:
-Mirá como te mira, andá a a jugar con ella -yo no quería, me daba vergüenza, y le contesté:
-No, no me animo.
-Pero andá, ¿qué te puede pasar?
-No, no quiero.
Después de mirar para todos lados (por el paisaje), me dí cuenta de que más adelante estaba una amiga que conocí hace unos días, se llamaba Victoria, la conocí una vez que estaba haciendo como un sillón en la arena, nosotras nos mirábamos mucho, yo tenía ganas de que venga y me diga “¿Te ayudo?”, no sabía si eso iba a pasar, ella en un momento dijo:
-Voy a hacer un castillo de arena -la movió un poquito y volvió a hablar-: Me salen re-mal los castillos.

La ví, y me dí cuenta de que me miraba, yo pensaba “¿Me está hablando a mí o a su familia?”, pero después de unos segundos pasó lo que quería que pasara: se me acercó y me preguntó: -¿Te ayudo?
Yo le contesté con un “bueno”, y ahí nos hicimos amigas, hasta que dijo:
-Le voy a pedir a mi mamá “9 de Oro” -son unas galletas muy ricas (por las dudas no las conocen), y sus hermanos (o no sé qué sean porque no se parecían nada a ella) la llevaron al mar; yo justo terminé mi asiento y mi papá dijo “¿Vamos?”. Yo le tuve que decir que sí, pero como estaba fresco no la fui a saludar al mar; cuando salí de la playa me dí vuelta y ella me miraba con pena porque me había ido, y me quedé muy triste por lo que pasó, me caía re-bien, aunque casi no la conocía, pero lo único que podía hacer era mirarla desde el balcón a ver si me veía y la podía saludar, pero no me miró, y así quedé. Pero hoy la ví y le mostré a mi mamá que era ella, y me dijo que vaya a saludarla, pero tampoco me animé. Entonces, una fuerza me movió a ir con ella, le avisé a la má que iba y cuando llegué a donde estaba empezó la conversación:
-¿Te ayudo?
-¿Cómo sabías que era yo?
-Te ví de lejos
Ella estaba haciendo un pozo y otro de sus familiares hizo uno; como él iba más hondo, dejamos el nuestro y lo ayudamos. Su familia era como una ensalada de frutas, según ellos y según yo. Al final, todos los familiares lo hicieron con nosotros, y enterramos a uno ahí, y fue difícil sacarlo porque el agujero era muy chiquito. ¡Pobre de él! Al salir, fueron al mar, yo fuí, me saqué la ropa, me puse protector, y, de vuelta tímida, me mojé solamente los pies. No encontraba a Victoria, me volví con la má, que me avisó que ya estaba la comida, y esta vez no me quería ir sin saludarla, porque me contó que hoy se iba; por suerte la encontré, la saludé y le di mi e-mail para que podamos volver a charlar. Me volví a sentir triste por no verla más, y le dije a mi mami que no quería hacer más amigas en las vacaciones. Me dijo que en Santa Clara, hay un montón de nenas, y que solamente necesitaba abrirme más, y ahí salió mi primera poesía, la cual responde a su comentario…
Yo soy una ventana
de un día siempre frío
que nunca se abre
con miedo a que la sala se congele.
Mi explicación es que siempre estoy cerrada (tímida), porque tengo miedo de que mi interior se enfríe (o sea, que pase algo malo, igual a que yo pase vergüenza)…
M.E.Z.
¡Gracias, María Emilia! Y espero más poesías.
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