Escribí vos


Escribí vos30 Sep 2010 03:33 pm

Desde Entre Ríos, una hermosa creación de Nidia Lupi, docente jubilada y escritora:


Tengo cintas de colores en las manos…

Por Nidia Lupi

Ha pasado un día más… me detengo, observo y encuentro que cada parte de mi cuerpo es una caja de sorpresas. Lo más insólito aparece como ubicado en su justo lugar y me causa asombro. Y…, en esta realidad distingo mis manos: de ella penden miles de cintas de colores. Yo misma me maravillo y las analizo.

Con movimientos suaves, se deslizan dejando una estela multicolor, sólo comparable con las impresionantes Auroras Boreales.

Si el movimiento es más rápido, parecen armar figuras tan asimétricas y variables, capaces de provocar envidia al más avezado mago del pincel y la paleta.

Mientras descanso, reposan sobre las blancas sábanas, formando un brillante y dormido, pero no por eso menos esplendoroso, Arco Iris.

Con ellas, entretejo sueños e ilusiones, que el tiempo se encargará de demostrarme, en que medida y con que habilidad logré moverlas.
N.P.

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Escribí vos05 Sep 2010 08:18 pm

María Pía Fontaine es una escritora cordobesa que hoy nos conmueve con este relato que “corroe las entrañas“. Ya te lo pasé:

Ese, virulento
Por María Pía Fontaine

Voy a escribirte un cuento virulento, no de la virulana y sus acciones rasposas, sino virulento de ponzoñoso, tóxico, venenoso, áspero y mordedor. De esos en los que los monstruos asomen por los placares y de debajo de la cama; de aquellos que los primos tiran al aire en las noches de ventisca de verano; de esos que suenan a historias de viejos pueblos, antiguas casas y antiquísimas mansiones y personajes oscuros de telas y trastos añejos.

Voy a contarte un cuento de los que arrastra el viento, de esos que acribillan las entrañas. El cuento que te quiero referir es ese. El virulento de pasillos y la sensación de andar en camisón y descalzo y pensando que quizás haya alguien o alguno por detrás, alguien, además de tu sombra compañera. Voy a decirte que es el cuento de los escalofríos o calofríos de chirriantes puertas y de sonidos susurrantes. De esos cuentos que son relatados en hogueras y en voz baja. De aquellos de terror para asustar a niños y grandes, también para que retiemblen los ancianos. De esos cuentos de la bolsa y la pelada. De grilletes y fantasmas nocturnos, de horrores y suspenso; de esos, viste, cuando decís “no me lo cuentes, no quiero escucharlo” o como cuando ves una película de terror y entonces, llega un momento, ese momento que sabemos que nos vamos a tapar los ojos.

Voy a susurrar aquel que es parte de los mismos cuentos en los que todos callamos y suena una voz y las demás voces se apagan y entonces cada gota dura una eternidad y los suspiros parecen eternos. Y más y más y silencio sepulcral y de tumba. Y entonces algo va a aparecer al final del pasillo a la vuelta de la esquina o al abrirse la puerta.

Voy a hablarte de ese cuento de esperar… de contar los pasos, de andar en puntitas de pie, de contener la respiración y tragar despacito. O de esos en los que matan tanto el cuchillo como el suspenso. De esos sañudos, sangrientos y afilados. Que estoy hablando, entonces, de esos que son lo último que quisieras escuchar antes de ir a la cama.

Porque este cuento que te quiero escribir, que quiero contar y decir, que quiero sacar de mi mente en un susurro… me corroe las entrañas, me pica las sienes, es áspero día y noche, es tóxico y maligno, quiero pasarlo, tirarlo por la borda… Quiero que, es decir, creo que ya te lo he pasado… es tu deber y preocupación ahora… si guardarlo, si recordarlo, si tenerlo presente, si reiterarlo y relatarlo… a este, de esos y aquellos, cuentos virulentos que, raspan, sin ser, como la virulana.
MPF

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Escribí vos25 Ago 2010 09:12 pm

Así se llama el cuento que los escritores de 3ºA de la Escuela 13 de Lanús (a quienes tuve el gusto de visitar tiempo atrás) me enviaron. Los chicos y las chicas no sólo escribieron, también ilustraron el cuento con unos dibujos buenísimos. ¡Gracias por esta hermosa creación!

¡Felicitaciones, chicos! Y a seguir escribiendo que quiero más.

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Escribí vos08 Ago 2010 03:13 pm

La escritora Mercedes Polignano, de nueve años, oriunda de General Villegas, es la creadora de esta hermosa poesía. ¡Que la disfrutes!

Un bebé va a nacer
Por Mercedes Polignano

Un bebe va a nacer,
y una nueva vida va a comenzar,
muchas nuevas cosas vamos a experimentar.
Lindo y divertido va a ser,
con todas las cosas que nos va a dar para hacer,
mucho para comprar y mucho para limpiar.
Lo vamos a querer mucho,
en toda su vida,el mundo lo va a querer,
un bebe es muy especial
a quien no le gustaría uno.
Yo lo espero ansiosa
como todos.

¡Qué bueno que viene!

M.P.

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Escribí vos09 Jul 2010 08:41 pm

Desde Córdoba me llega este cuento del joven escritor César Yance, quien me explica: “mi sobrina tenia un gatito llamado Teodoro (en honor a la película de Alvin y las ardillas). Bueno, el caso es que se le salió al patio y la perra de la vecina ¡puf!, te imaginarás lo triste que fue; pero le dije que ahora sería un fantasma y que la visitaría a la perra y sin darme cuenta se me ocurrió lo que habría sucedido en esa visita, y por eso escribí esta historia que espero te guste“.

Eustacio el gato fantasma
Por César Yance
Ilustraciones: Cali


En una pintoresca calle inglesa vivía un gato. Se llamaba Eustacio y era blanco como la nieve; era un gato muy feliz, le encantaba caminar silenciosamente por los tejados, trepar por las humeantes chimeneas, y por supuesto comer atún. En esa calle también vivía un enorme perro llamado Sombra. Era negro como la noche, con afilados dientes y ojos muy rojos. Sombra era el terror de todos los gatos de esa calle y de las demás. Muchos gatos: siameses, de angora, callejeros o de su casa habían caído en manos del temible Sombra.

Una noche Eustacio volvía de pasear deslizándose, como una suave nube de pelo, con su cola bailarina y sus bigotes alargados. Sólo le faltaban unos metros para llegar a su casa, cuando todo sucedió: un fuerte ladrido, una cara enorme y peluda y un conjunto de amarillos y puntiagudos colmillos, y sin pensarlo Eustacio estaba patas arriba con los ojos abiertos como platos y duro como una piedra. Estaba muerto. Sin importarle su víctima Sombra se marchó. Cuando llegó a la cueva del callejón en donde vivía se desató una feroz tormenta, las gotas caían como balas y el viento se arremolinaba peligrosamente. Sombra se echó a dormir y entonces Eustacio habló:

-¡¡ Sooombraaaaa!!, ¡¡Sombraaaaaaa!!- el perro abrió los ojos y vio que a centímetros de su hocico estaba la figura de Eustacio, pero ahora su blanco era perlado e irradiaba una luz blanquecina -¡¡ Túúúú me asesinaaaaaste de un suuuuustooo!! Ahora te seguiré por las noches, a donde vayas.

Sombra quiso morderlo pero no pudo: un tarascón, dos tarascones, pero no consiguió nada. – ¡¡Toooontooo!! No puedes matar a lo que ya está muerto, ahora soy un gato fantasmaaaaa.

Muerto de miedo Sombra echó a correr por la inundada calle pero el gato parecía estar por todas partes. Se escondió detrás de árboles, abajo de los autos, en los arbustos, pero allí siempre estaba Eustacio.

-Te voy a tirar de la coooooolaaaaaaa- gritaba el gato mientras daba volteretas por el aire dibujando tirabuzones, y ahora a la lluvia se le sumaron los fuertes truenos y los relámpagos cegadores. Sombra corrió todo lo que pudo hasta que perdió de vista a Eustacio, corrió y corrió, hasta que llegó a un desierto callejón repleto de bolsas de basura. No había rastro del fantasma, muerto de miedo el perro decidió quedarse allí.

-Estaré seguro aquí- pensó (qué equivocado que estaba). De pronto muchas orejas puntiagudas surgieron de las bolsas de basura seguidas de cabezas y cuerpitos flacuchentos. -Miauuuuuu- todos los gatos que el había matado eran fantasmas ahora y sin darse cuenta lo habían encerrado en un circulo felino perlado y radiante de blanca luz. -¡¡Tú nos mataaaaaasteee!!- decían algunos mientras otros maullaban y otros reían malignamente. Sombra pensó que se lo comerían vivo, entonces, cuando el miedo se apoderó del animal éste comenzó a llorar sin consuelo tirándose en el piso mojado con las patas en los ojos.

-¡Perdón! ¡Perdón!- repetía una y otra vez y así estuvo un largo rato hasta que Eustacio se acercó hasta donde estaba él y le dijo con voz fantasmal: -Se te acusa de ser asesiiiinoooo de pobres e indefensos gatos, pero como somos finos y buenos te daremos una oportunidad para que enmiendes tus errores. A nosotros ya no puedes darnos nada, pero a los que están vivos sí. De ahora en adelante los tratarás con respeto, serás amable, nunca más intentarás morderlos o asustarlos, jugarás con ellos y los llevarás de paseo en tu enorme lomo- Sombra asentía con cara empapada de lluvia y lágrimas-. Y todo lo harás con una gran sonrisa, lo prometerás y si no lo cumples vendremos desde el más allá y te atormentaremos dia y noche también de madrugada ¡¡¡¡¡y te obligaremos a comer atúúúúúnnnnnn!!!!!-. Sombra levantó la pata derecha y con los ojos cerrados, muy sinceramente prometió ser un mejor perro con los gatos. Luego de unos segundos los abrió, miró hacia arriba y vio que un centenar de largas colas perladas se iban flotando hacia el cielo. Desde esa noche Sombra comenzó a llamarse Sombrita y ya no le hacía la vida imposible a ningún gato, ahora los besaba, los llevaba de paseo y a los callejeros los invitaba a comer de su lata. Con el tiempo a Sombrita se le fue el miedo y comenzó a disfrutar de sus nuevos amigos, se dio cuenta de que era más feliz haciéndoles cosquillas que asustándolos, y en la pintoresca calle inglesa los vecinos siempre comentaban el extraordinario cambio de Sombrita.
FIN

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Escribí vos09 Jun 2010 10:27 am

Entre los dibujos y cuentos que recibí de regalo en la Primaria 13, te quiero mostrar uno, elegido al azar porque son todos lindos. Se trata de una hermosa creación de las escritoras Micaela Ortiz, Karina Córdoba y Magalí García, de quinto grado. No te la pierdas:

Anacleta “todo lo puede”
Por Micaela Ortiz, Karina Córdoba y Magalí García

Había una vez, en un pueblo muy pobre, una pequeña niña llamada Anacleta a la que le encantaba todas las mañanas circular en bicicleta. Todos la veían pasar a la velocidad de un vendaval, dejando sólo el registro de sus largos rojos rizos, y el tintineo de su rodado. Aunque era una niña muy tímida, saludaba con alegría a todos sus vecinos y vecinas.

Cierto día de repente… ocurrió algo inesperado. Se había topado con el final del poblado ¡pero eso, no era lo raro…! Lo extraño erar haberse encontrado con un tesoro encofrado, como el de los piratas de los cuentos, en mares y océanos. Su curiosidad y ansioso estado la llevaron a abrir el cofre con mucho cuidado… A la cuenta de tres, levantó la pesada tapa del cofre… ¡y de él salió un hada al revés!

Maravillada, Anacleta miraba al hada que revoloteaba sin cesar a centímetros de su cara. Tanto se movía el hada que Anacleta se mareaba… ¡De pronto quedó suspendida en la nariz de la niña! Aleteó y aleteó como un picaflor multicolor y a Anacleta se dirigió…
(más…)

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