“Nadie llega a nada en esta vida sin alguien que crea en él“.
Paul Auster, “Tumbuctú”.
Enviar este artículo por e-mail
“Nadie llega a nada en esta vida sin alguien que crea en él“.
Paul Auster, “Tumbuctú”.
Enviar este artículo por e-mail
Pero no fui a la montaña ni me encontré con el Yeti. Al contrario, fui recibido por la amabilidad de un grupo de maestras del Instituto Nuestra Señora de Las Nieves, del barrio de Liniers. Es una escuela que en el 2005 cumplió 40 años de existencia y que depende del Arzobispado de la Ciudad de Buenos Aires.
Lo primero que hice fue recorrer sus instalaciones junto con Daniela, la Directora del Jardín, y quedé impactado por el tamaño del edificio y la cantidad de alumnos de jardín, primaria y secundaria que estudian ahí. Sólo en jardín, que comienza en sala de 2, tienen más de 570 chicos divididos en 24 salas (mañana y tarde).
También estuve en la Biblioteca, recién inaugurada, un lugar para quedarse y disfrutar.
Pero más importante aún fue el tamaño de las ganas y la pasión que le ponen a la enseñanza, y que vislumbré en la cantidad de cuentos y trabajos especiales que desarrollaron en base a las historias de Paco del Tomate y Lalo Lalupa, todos custodiados por un muñeco tamaño natural de Paco del Tomate, confeccionado por las seños y los chicos, que logró asombrarme.
Después vinieron las cuatro presentaciones que tuve el placer de realizar para mis amiguitos de las salas de 4 y 5 años. Más de 325 chicos motivados, curiosos, con ganas de escuchar y de aprender, con los que compartí las narraciones de algunos de mis libros y un poco de magia.
Pasamos un rato muy lindo y nos divertimos mucho, pero lo mejor estaba por venir: de pronto, detrás de un bastidor, apareció la figura de Paco del Tomate que me hablaba y charlaba con los chicos. No te imaginás mi cara de sorpresa al ver a ese títere, tan bien fabricado en gomaespuma por las manos profesionales de Mónica, quien además de tener a su cargo la Coordinación Pastoral, es titiritera y ella misma manejó con maestría a Paco. ¿Qué te puedo decir? Una delicia verlo, y un honor saber el tiempo y el esfuerzo que Mónica dedicó a darle vida a uno de mis personajes. Y como si fuera poco, en estos momentos me está mirando porque Mónica tuvo la gentileza de regalármelo.
Sólo me queda agradecer de corazón a Daniela, Paula, Verónica, Mónica, Nadia, Roxana, Silvina, Lorena, Lidia, Adriana, Georgina, Sandra, Yamila, Emilse, Karina, Yvana y Daiana.
Las nieves se deben haber derretido por la gran calidez que encontré en esta escuela.
¡Hasta muy pronto!
Enviar este artículo por e-mail
“¿Qué libro elijo para mi hijo?”
Esta pregunta con rima es típica en los padres que me escriben pidiendo sugerencias sobre los libros más adecuados para sus hijos.

En el completísimo sitio de la Fundación Leer (www.leer.org.ar), entrando en la sección “Padres”, podrás encontrar una guía muy interesante con orientaciones y actividades muy piolas para acercar a los chicos a la lectura, y qué tipo de libros elegir de acuerdo a su edad.
No te la pierdas.
Enviar este artículo por e-mail
Si alguna vez te embarcaste en un proceso creativo, y luego quisiste dar a conocer tu obra, seguramente pasaste por la frustración del rechazo, de la no aceptación, de la falta de interés, de comprensión o de apoyo.
Estas situaciones parecen obstáculos inevitables, siempre presentes en la vida de cualquier creador. Escritores, pintores, ilustradores, cineastas, sólo por mencionar algunas actividades, han sido y son sus víctimas, sin distinción de sexo, edad o etapa de la vida profesional en la que se encuentren.
Tal vez por eso la verdadera grandeza resida no sólo en tener el talento, sino también la suficiente tolerancia al “no” que permita perseverar. Ante estos momentos en que nuestra vocación se pone a prueba, es común creer que “sólo me pasa a mí”.
Vayan entonces algunos ejemplos, en este caso del mundo literario, para que entendamos que le pasa a todo el mundo:
- Oscar Wilde recibió una vez una carta de rechazo a su manuscrito de “El abanico de Lady Windermere”, que comenzaba diciendo: “Mi estimado señor, he leído su manuscrito. Ay, mi estimado señor”.
- En una carta de Mario Benedetti a Juan Carlos Onetti, fechada el 18/04/55, el primero le dice: “Llevo 7 libros publicados y humildemente debo confesar que estoy podrido de costear mis ediciones”.
- Franz Kafka murió sin haber llegado a publicar ninguna de sus obras.
- André Gide, lector para la editorial Gallimard, devolvió al editor el libro “En busca del tiempo perdido”, de Marcel Proust, con un comentario (del que se arrepintió más tarde) en el que decía: “No puedo comprender que un señor pueda emplear treinta páginas para describir cómo da vueltas y más vueltas en su cama antes de encontrar el sueño”.
- Ocho editoriales rechazaron el manuscrito de Harry Potter y la piedra filosofal, antes de que Bloomsbury Publishing aceptara publicar la obra de Rowling.
- “Dublineses”, de Joyce, fue rechazado por veintidós editoriales.
Después de leer esta lista, y hay muchos más, la próxima vez que alguien rechace tu trabajo, sólo te queda sonreír. Y seguir adelante.
Enviar este artículo por e-mail
Luca Francisco Pirovano, un escritor de 9 años, me ha enviado este “cuento imperdible” según sus palabras, una aventura que gira en torno a un arma increíble que más de uno de nosotros quisiera tener para enfrentar los problemas de la vida. Como dijo Luca, ¡Imperdible!

Abú-al Sabu es un príncipe rubio (algo morochito), audaz, valiente y fuerte. Tiene 30 años y está casado con Rosalina Blue Jorgain. Su padre es el Sultán de su palacio.
Una noche a las diez y media, al Sultán se le apareció un fantasma violeta (algo con olor a veneno), que lo secuestró y lo dejó prisionero en una torre en su nube venenosa.
Cuando despertaron todos empezaron a discutir. Abú se quedó triste, muy triste. Le preguntó a todo el pueblo a ver si sabían cómo ayudar a su padre. Su mejor amigo (Juancito) sabía cómo ayudarlo.
“Yo sé y te ayudaré a salvar a tu padre”, dijo Juancito. “Yo diría que necesitaremos un arma demasiado poderosa. Necesitaremos la Triple Espada para ayudarlo, pero no sé cómo llegar a ella”.
“¡¡¡Ya sé!!!”, exclamó Abú. “Vayamos a la biblioteca, seguramente tienen un libro sobre la Triple Espada”. Entonces se fueron a la biblioteca y estaba el libro que decía que estaba en un submarino abandonado a orillas del río Paraná. Abú y Juancito le dejaron a su mamá una nota que decía:
“Querida Mamá, estoy en el parque de diversiones comiendo algodón de azúcar y jugando los nuevos juegos que hay. Con muchos Besos, Abú-al Sabu”.
Despues de todo Abú resultó ser un chico muy mentiroso. Entonces, ellos fueron al submarino abandonado y recogió la Triple Espada y se fue a buscar a su padre (con Juancito).
Cuando vio la nube se preguntó cómo podía subir hasta ahí. Después de su pregunta apareció una luz que venia de su Triple Espada y empezó a flotar. Abú no lo podía creer, estaba volando gracias a la Fuente Aérea de la Triple Espada. Luego de 20 segundos llegó a la torre sin tocar la nube (porque si no ya estaría muerto por el veneno) y fue a desafiar al fantasma. Primero usó la Fuente de Fuego para desenvenenarlo, luego usó la Fuente Acuática para dañarlo (y apagar el fuego que había quedado) y por último (la debilidad del fantasma) usó la Fuente de Tierra y Pasto para destruirlo y declararlo: DERROTADO. Finalmente logró usar la Fuente Aérea para liberar a su padre y escapar de la nube.
FIN.
¡Gracias por tu creatividad y tus ganas, Luca! Espero más historias, ¿dale?
Enviar este artículo por e-mail
Hoy te quiero contar cómo me inspiré para escribir uno de los cuentos de mi último libro “Cuentos del Viejito Arrugado”, que acaba de salir.
Se trata de “Un ruido extraño”, el último de los tres cuentos que conforman esta obra. Es la historia de una nena que, al entrar en su cuarto, se asusta porque comienza a oír un ruido muy raro. Después de dar vueltas, y con la ayuda de la mamá, finalmente descubre que se trata de la presencia de un loro que las mira desde la baranda del balcón. A partir de ahí, suceden una serie de eventos muy tiernos y divertidos que llevan a un final inesperado.
La primera parte de la historia se basa en un hecho real, cuando en la baranda del cuarto de mi hija apareció un hermoso loro verde con plumas azuladas y pecho naranja. Era un loro re-confianzudo, acostumbrado a la presencia humana, y todo indicaba que se había escapado de alguna casa. Mi hija, amante de todo bicho que camina, vuela o nada, estaba fascinada con la novedad y enseguida empezó a alimentarlo con unas ricas galletas que el pájaro engulló con gusto. Tan bien tratado debió sentirse, que decidió convertir la baranda en su hogar, y no sólo no se movió de ahí por varios días, sino que se creyó con derecho a reclamar por su comida, al punto de dar unos chillidos insoportables cuando no lo alimentábamos. El simpático lorito se transformó así en un pequeño monstruo verde, que además no dudaba en ensuciar la baranda con su caca.
Mi hija continuaba fascinada, pero no queríamos terminar de encariñarnos con “Poly”, así lo había nombrado, porque con dos perras y dos gatas no había lugar para otro bicho más en la casa. “Poly” llegó a meterse un día en nuestros cuartos y, luego de un vuelo rasante, posarse sobre el pie de una lámpara. Por eso decidimos no darle más comida y obligarlo a emigrar hacia mejores lugares.
Hoy lo recordamos con cariño, y su figura ha quedado plasmada para siempre en las páginas de mi libro, que es mucho mejor que tenerlo en la baranda del balcón.
Enviar este artículo por e-mail