Diciembre 2008


Eventos21 Dic 2008 06:16 pm

Si te gusta escribir, y si entre tus textos inéditos se te ha dado por incursionar en el difícil género de la novela histórica, este premio es para vos:

Premio de Novela Histórica Alfonso X El Sabio.

Caja Castilla La Mancha y MR Ediciones, Grupo Planeta, invitan a escritores de todas las nacionalidades a la IX edición de este premio dotado con 100000 euros.

Según los organizadores, “el objetivo del mismo es promover la creación y divulgación de aquellas novelas con calidad literaria que ayuden a profundizar al lector en el conocimiento de la historia y el entendimiento de la realidad contemporánea que de ella deriva”.

Los originales deberán ser escritos en lengua castellana, sin límite de extensión, y tenés tiempo hasta el 27 de febrero de 2009 para presentarte.

Para más info al respecto, entrá a www.mrediciones.com

¡Suerte!

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Eventos19 Dic 2008 06:06 pm

Un año atrás, la revista Para Tí invitó a escritores, periodistas, dibujantes, ilustradores y humoristas gráficos para que contaran la biografía imaginada de Papá Noel. La siguiente fue mi versión, espero que te guste:

Papá Noel es argentino.

Se supo. Tras años de repetirse la misma mentira, que adjudicaba a Papá Noel su origen en algún país del primer mundo y viviendo cómodamente en el Polo Norte, la verdad ha dado a luz. Un equipo interdisciplinario de científicos argentinos, financiado por la Fundación de Ayuda al Alcohólico, ha logrado desenmascarar la historia oficial luego de arduas investigaciones. En primicia absoluta, acercamos hoy sus principales resultados:

Aunque las pruebas de carbono 14 no han permitido ubicar la historia en una fecha exacta, sí se ha llegado a conocer fehacientemente el nombre de su protagonista. Juan José Noel, más conocido como “Papada” Noel, debido a la abultada grasa que le colgaba debajo del mentón, la cual no conseguía disimular con su barba negra, larga y espesa. Edad y ocupación desconocidas, caminaba con sus tres perros, hambrientos y sin nombres, por las calles de Buenos Aires.

Enfundado en su camiseta roja de Independiente, el club de sus amores, que le marcaba la panza, y un gorro de lana del mismo club, solía entrar en las casas por las chimeneas, claraboyas o ventanas, tras cerciorarse de que sus dueños no estaban, para cargar con objetos de valor la bolsa de arpillera que llevaba siempre con él.

Pero esa noche, un policía que regresaba a su hogar se cruzó en su camino. El ojo entrenado del Sargento López sospechó de “Papada” Noel de inmediato; tal vez porque le evitó la mirada, quizás por la bolsa que sujetaba sobre sus hombros, o porque debajo de su brazo derecho descubrió el reloj cu-cu que el Sargento había comprado días atrás. Iba a proceder a su arresto cuando los fuegos artificiales de la medianoche del 24 de diciembre comenzaron a estallar en el cielo. La Navidad había llegado.

Los vecinos salieron a la calle a festejar, los niños corrían por ahí con estrellitas y bengalas; “Papada” aprovechó la situación y, rápido de reflejos, llamó a cada una de las criaturas para regalarles todo lo que tenía en la bolsa, inluido el reloj cu-cu. Cuando el Sargento dejó de mirar las explosiones de colores, “Papada” había terminado la repartija y no podía ser acusado de ningún delito pues ya no guardaba nada en su poder.
Los chicos no lo podían creer. Algunos recibieron candelabros de plata, otros cuadros de pintores famosos, también juegos completos de vajilla y hasta una alfombra persa. Los vecinos le preguntaban su nombre, lo acariciaban. Después, se fue corriendo detrás de sus perros y se perdió en la oscuridad.

Así comenzó la leyenda de “Papada” Noel, que la tradición oral ha trasladado de país en país, tergiversándola a través del tiempo, tanto en la forma como en su nombre (la barba se hizo blanca, los perros se convirtieron en renos), al punto de transformar a un oscuro delincuente en un hombre bonachón. Al fin y al cabo, nada nuevo en la historia de la humanidad.

Se dice que los hijos de “Papada”, también hinchas de independiente, continuaron con su costumbre delictiva, y que son buscados por Interpol, especialmente en las noches de Navidad. Por eso cada vez más familias, por temor a sufrir un allanamiento, prefieren festejar Reyes.
FDV

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Eventos19 Dic 2008 05:48 pm

Kurt Vonnegut Jr. (1922-2007) fue un escritor estadounidense conocido por su obra de ciencia ficción con toques de sátira y comedia negra. Estas características también se reflejan en las siguientes ocho reglas para escribir ficción que hoy comparto con vos. Si te gusta escribir, tal vez alguna te sea de utilidad:

1. Utiliza el tiempo de un completo desconocido (tu lector) de forma que no sienta que lo está malgastando.
2. Dale al lector al menos un personaje con el que se pueda identificar.
3. Todos los personajes deben querer algo, aunque sea un vaso de agua.
4. Cada frase debe hacer una de estas dos cosas: revelar un personaje o hacer que la acción avance.
5. Empieza tan cerca del final como te sea posible.
6. Sé sádico. No importa cuán dulces e inocentes sean tus protagonistas, haz que les pasen cosas horribles (para que el lector compruebe de qué madera están hechos)
7. Escribe para contentar únicamente a una persona. Si abres la ventana para hacerle el amor al mundo, o lo mismo para hablarle, tu historia sufrirá una neumonía.
8. Dale a tus lectores toda la información lo más rápido posible. Al diablo con el suspense. Los lectores deben tener una idea general de lo que está pasando, cómo y por qué, de modo que puedan acabar la historia ellos mismos; las cucarachas pueden comerse las últimas páginas.

Vonnegut se interesó también por el arte gráfico. Su ironía puede verse en la pieza que te adjunto:

"La vida no es forma de tratar a un animal".
“La vida no es forma de tratar a un animal”.

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Escribí vos18 Dic 2008 01:07 pm

Un cuento de Nuri Montero, un notable escritor de 11 años, con un estilo que sorprende para un chico de su edad. Tomate un ratito y leélo con detenimiento; es una brisa de esperanza de cara a las nuevas generaciones:

Se lo dedico a mi papá, el pintor, y
a mi abuela inspiración de “Elena”.

La mujer de unos veinte años me limpia con un usado plumero gris. A mí me arden los ojos por el polvo que mi vieja tela suelta pero sin embargo no estornudo, ni pestañeo, porque soy el observador, porque estoy pintado y mi marco de madera negra me separa de la realidad dejándome solo en un mundo de tinta, lápiz y óleo.

Todos me llaman El observador. Seguramente pensarán que es un nombre poco usual y extraño o a lo mejor que es un título o un absurdo sobrenombre, pero no. Yo soy un hombre que mira, más bien soy una pintura que observa, estoy sentado en una silla de madera con almohadones de cuero rojo y no me he movido en cincuenta años y no me quejo, he asistido infinitas mudanzas y según recuerdo vi más de cien personas. Todo eso por vivir con Elena. Ella siempre le pide a la mujer que limpia toda la casa que me sacuda el polvo de encima y que limpie mi marco y que luego me enderece si me reclino hacia un costado y aunque estoy harto de esta aburrida existencia, sé que pronto todo terminará, pues pronto Elena morirá y como es quien me pintó, yo cerraré los ojos por fin y podré descansar en paz, cuando llegue ese día no seré más El observador.
Pero antes de irme quiero que sean testigos de los varios capítulos de mi vida, de lo que observé y de lo que mi memoria aún recuerda y lo que guardo escrito en ese cuaderno de cuero marrón y hojas amarillentas en el que jamás he escrito algo realmente, pero lo guardo por el recelo de que descubran su falta.

Todo empezó cuando Elena conoció a un hombre llamado Manuel que era un joven muy buen mozo. En el momento en el que mi creadora y aquel muchacho se conocieron ella me pintó, me creó y me dio vida. Pronto se enamoraron y en las veladas largas se dedicaban a permanecer en silencio contemplándome y haciendo comentarios sobre la hermosa noche que les tocaba. No importaba lo que pasaba, jamás se olvidaban de mí, muchas veces se pelearon pero luego la tranquilidad volvía como el mar furioso rebatiendo contra la orilla hasta que llega el alba que lo dulcifica para volverlo nuevamente tranquilo, seguro y calmo. Recuerdo cuando aún mi imagen estaba incompleta. Manuel había llegado con un ramo de rosas de un olor exquisito según las exclamaciones de Elena. Sí, se querían mucho y cuando estuviera terminado podría percibir mucho mejor las cosas, porque todavía había veces en las que todo se apagaba. En ese momento sentí el cosquilleo del pincel sobre la tirante tela. Allí me terminó, en el improvisado taller que alquilaba con la plata que ganaba vendiendo algunos de sus cuadros.
Cuando estuve terminado ella me colgó en una de las paredes de su pequeño departamento en la calle Maure y le pidió a Manuel que me pusiera un marco negro. Los ojos color jade de Elena acompañados por los oscuros de Manuel todas las tardes me observaban, sin saber que yo a mi vez los observaba a ellos, recordando la hermosa noche de luna llena en la que ambos le expresaron sus sentimientos al otro. Amor. Algo que pocas pinturas pueden sentir. Pues pocos son los pintores que sienten amor por sus pinturas; entonces ¿cómo puede uno amar si ni siquiera su creador lo quiere? Para esta pregunta puedo usar un ejemplo humano como respuesta. Imaginad a un pobre chico al que lo tratan mal y lo zarandean como calesita cada vez que se confunde, que le hablan mal y cuando el crío pide ayuda para cualquier cosa los adultos simplemente lo ignoran. Entonces ese mismo joven madura así, de esta manera viendo lo peor del mundo a una corta edad, por esto se le cierra el corazón, se le vuelve de pesado bronce y no puede amar. De esta manera se siente un cuadro cuando su creador no lo quiere o lo desprecia, al igual que ese ejemplo de muchacho maltratado que vaga solo en el mundo sin poder sentir esto que denominamos amor.

La primera mudanza de Elena fue desde Maure hasta la calle Oro. Allí se instaló en el cuarto piso por un año entero en el que yo me adapté bastante bien a los ladridos del perro del “A”, el departamento que teníamos al lado de nosotros el “B”. Mi creadora siempre iba y tocaba el timbre a la morada del perro, porque aquel doberman gritón no nos permitía dormir, bueno no le permitía dormir, porque como bien se sabe los cuadros no duermen, viven en un eterno descanso que es muy abrumador. Recuerdo una de las cenas que tuvo con dos hermanas y sus tres hijos. Eva, Clara, Marcos, María y Martín cada uno en respectivo orden…

- No, eso Elena es casi un crimen, no uses para pintar esos bastidores que encontrás en la calle, es… ¡ay hermanita! – dijo Clara que según varios era la más finolis de la familia.

- Mirá Clara no pasa nada, a lo mejor es inspirador, además, son varios los cuadros que pinta comprando los bastidores – dijo la otra hermana de Elena, Eva.

- ¡Bueno! – contestó a una pregunta inexistente Marcos – es hora del postre -. Y dirigiéndose a Elena – espero que tengas ese delicioso flan casero que siempre hacés; queda tan rico con dulce de leche…

Uno de los episodios de la vida de Elena y si nos fijamos con aten… Ahora creo que ya es hora. Ya les conté bastante y lo que iba a dejar reservado para mucho más adelante tendré que contárselos ahora. Yo soy simplemente el reflejo de Manuel en un bastidor, soy su vivo retrato pero más que nada soy el observador y ahora que he cumplido con mi misión de observar y mi creadora le está diciendo adiós al mundo, puedo decir que fue una vida espléndida. Ahora, el observador eres tú…

Cuatro meses después, la imagen de Elena apareció detrás de Manuel, en la tela del cuadro El observador. Ahora ya no se llamaba así, ahora era otro cuadro, Los que observan, y tal vez así fuera mejor. Seguramente pensarán que es un nombre poco usual y extraño o a lo mejor que es un título o un absurdo sobrenombre, pero no. Ellos son un cuadro y estarán juntos hasta que algo más poderoso que la muerte los separe…

Nuri Montero

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Mis Libros17 Dic 2008 01:45 pm

Editorial Atlántida acaba de lanzar mi nueva obra “Más cuentos de Hadas y Princesas”, con hermosas ilustraciones de Victoria Assanelli.

El hada Eufrosina y Cupido se pelean para lograr que un Príncipe se enamore, la princesa Gliceria chatea desde su castillo buscando novio, y el hadita Milburga está muy preocupada porque su madre es Malvhada, el hada más mala.

¡No te lo pierdas!

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Eventos17 Dic 2008 01:14 pm

Una de las sorpresas que recibí en esta visita a Adrogué, me la dio una familia que, con esfuerzo y creatividad, decidieron filmar una versión libre del cuento “El tatuaje” de mi libro de terror “Las espantosas historias de Morton Fosa“. No te imaginás la emoción que sentí al ver la peli, que no quiero dejar de compartir con vos:

Mis felicitaciones a Iago, Ailen, Eliana Sicardi y Gustavo y Aldana Nuñez, y mi agradecimiento por haber elegido un cuento mío, fue un gran honor para mí. Y ojalá que más familias se contagien esta idea con otras historias de cualquier autor que les guste. Me pareció una actividad lindísima y muy creativa para compartir con los chicos.

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